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Sanidad británica

El jueves pasado tuve mi primera experiencia “fuerte” en el sistema sanitario británico. Quiero decir, en los casi dos años que llevo aquí, por supuesto he ido al médico, me he hecho análisis, me han puesto vacunas y recetado medicamentos, pero el jueves entré en quirófano ¡chan chan! Nada trágico ni preocupante, de hecho yo pensaba que aquello iba a ser como ir al dentista, en plan: te sientan en una silla, un poco de anestesia y volando para casa, pero no, hubo batita de las de culo al aire de por medio (en realidad no se me veía el culo, ni a nadie en la sala, cuidado). Hospital: Queen Mary. Hora de la cita: 7 de la mañana ¡toma ya! tuve que volver a leer la carta porque pensaba que era un error, pero no, la hora era las 7 de la mañana. En realidad es una hora muy buena porque teniendo en cuenta lo temprano que te tienes que levantar, llegas ya prácticamente sedado. El caso es que Adriana se quedó a dormir en casa de la señora Totoro (gracias infinitas) . Ella estaba tan contenta, iba a dormir con las niñas, cuando se lo dije se alegró no sin antes preguntarme si yo iba a estar bien (amor). El señor Armadillo se pidió el día en el trabajo para acompañarme (más amor), no es que fuera gran cosa, pero bueno, por motivos creo que razonables los hospitales no son mi escenario favorito y un quirófano menos.

El caso es que llegamos allí, señor Armadillo a la sala de espera, yo a una sala con otras señoras todas con sus maletillas, les pregunto si es que se tienen que quedar o es que yo no he sido invitada al club del bolso y resulta que es que nos van a poner ropa hositalaria y ellas traen sus batas, zapatilas, etc., vamos, que son enfermas nivel experto. Y empieza la fiesta, enfermeras que entran y salen, hacen preguntas, análisis, toman la temperatura, etc.  y, por supuesto, nos tenemos que quitar la ropa y nos dan la batita. Lo de las batas y pijamas de hospital no lo llego a entender, es algo como: “Por si acaso usted venía contento, vamos a quitarle su ropa y vamos a ponerle esta, con un color  y una hechura que le hará parecer enfermo o más enfermo, a ver si así conseguimos que se deprima un poco, que esto es un hospital ¡por Dios!”. Allí esperando hasta las 10:30, practicando inglés porque, aunque todas llevábamos libros, había una señora bastante nerviosa, que no lograba concentrarse en la lectura y decidió llevarnos a todas a su terreno, por cierto, todo esto era sin haber comido nada desde la noche anterior, por lo que la señora no dejaba de decir que necesitaba una taza de té (muy British). El anestesista que llega y me pregunta si prefiero anestesia local o total, pero ¿qué vais a hacerme? yo que venía medio tranquila… Local, local, que quiero acabar pronto y tenemos que recoger a Adriana y llevarla luego al médico. Viene el cirujano, encantador, oliendo muy bien, a jabón, con un olor y una actitud que me da confianza y me dice que saldré por la tarde ¿? Vale, su idea de tarde es diferente a la nuestra, no me van a tener allí hasta las 6, saldré a la 1 más o menos (hambre).

Operando: El enfermero que viene a buscarme, un primor, le digo que estoy nerviosa, me dice que él también, sonrío, sonríe. Todo el equipo de quirófano muy amable. El cirujano llega, me pregunta si estoy cómoda, le digo que no es el mejor sitio para relajarse, pero que estoy bien. El enfermero está todo el rato a mi lado, hablándome, tiene un amigo catalán, me pregunta si me gusta el fútbol, vemos que no es un gran tema, hablamos de otra cosa, quiere ir a Madrid en agosto, le digo que no es el mejor mes del año…Me dicen que tengo muy buena actitud, les digo que no es mi primera vez. Mientras, me andan poniendo anestesia y cortándome y relatando lo que están haciendo, me dan ganas de decirles que en realidad no necesito saberlo, que hagan lo que han venido a hacer y ya cuando acaben, que me avisen, no digo nada, creo que es mejor ser correcta con alguien que tiene agujas y bisturíes a mano. Terminan, me dicen que me he portado muy bien (aunque no hay piruleta ni nada).

Después de la operación: Me llevan a la sala donde la gente se despierta, comprueban la tensión, temperatura, saturación de oxígeno… Me llevan en la camilla hacia un ascensor ¿dónde vamos? quiero vestirme e irme, estoy como una rosa. Me llevan a una habitación y me dicen que me van a traer comida, ah, entonces, vale. Una chica muy amable me pregunta qué quiero, café o té y que elija entre una variedad bastante completa de sandwiches. Me los trae junto a una jarra de agua. Viene otra a decirme que me va a traer los medicamentos por si tengo dolor. Como y bebo con agonía, son casi las 12, llevo sin beber desde las 5.30 y sin comer desde la noche anterior.

Resultado: me trataron como a una reina, todo el mundo muy amable, muy contenta con la experiencia.

El sábado me quité el apósito, la herida tiene buena pinta, creo que cicatrizará bien y no dejará mucha marca. Le digo al señor Armadillo que creo que el cirujano hizo un buen trabajo me contesta: “Haberle dicho que te lo firmara” :)

Y como no voy a poner una foto de la herida que ya sé que hay algún aprensivo en la sala, os dejo algunas del sábado anterior, que estuvimos paseando.

    Puente de Waterloo  Placa Rudyard KiplingPub donde comimos, cerca de Covent GardenProbando cerveza y sidra nueva

Teatro Palace